Una mañana de viernes
Ese viernes el tema fue realidad y quien nos abrió los ojos fue Susette Kok: fotógrafa y sensibilizadora holandesa. Fue una mañana especial, el equipo preparó el desayuno, The Lab llenó el lugar con aroma a café recién hecho y las mesas, como siempre, repletas de regalitos de Ecopy y, esta vez, con fragmentos del libro de Fundación Visionair: 17.815 Cuidame que yo te cuidaré.

El gran salón de nuestra casa, Sinergia Cowork, estaba lleno. Ochenta personas a la espera de una charla acerca de un tema que, como sociedad, nos cuesta ver, y que está muy cerca de todos. Si bien las historias son contadas por adultos, ellos fueron una vez niños que pasaron por esto y que decidieron colaborar con este proyecto.
Cuando nos reunimos por primera vez con Susette, me emocionó su convicción por entender al otro y por devolverle la voz a quienes no podían gritar tan fuerte. Ella plasma realidades y se ocupa de ellas, es admirable su forma de andar, que inspira cambio. Es así, que su fotografía es un medio para ayudarnos a mirar al otro.
Tantas veces miramos con ojos desiguales, a quien tenemos al lado, que esa distancia pone una barrera que no nos permite ir más allá. Todos, siempre, tenemos una historia, que nos condiciona, que nos hace caminar por los lugares donde nos enseñaron que era bueno andar; no todos los caminos son iguales. Entonces, es necesario entender, que todos somos uno, y que ninguna historia puede pasar desapercibida.

La casita del amor
Primer momento en el que abrí los ojos. Sin dudas estos temas duelen, pero siempre los vi lejanos. Sin embargo, pasa en todos lados. “Esto para mí es una foto, muy simbólico” y pienso en la casita de amor y en la ironía que supone el término que usan al hablar de este lugar. Sin dudas en ese espacio lleno de basura hay mucha carencia de amor y de todo lo bueno que puede pasar entre dos personas.
Y también falta amor en el parque y en espacios por los que pasamos todos los días. Tenemos que acercamos a esta situación que tenemos tan al lado porque la vida también se trata de poner luz donde lo la hay.
Karina
Entrar en esos mundos, no es fácil. Fue así que Susette encontró a su guía: Karina. Ella la llevó por los lugares donde esto pasa y así comenzaron juntas un camino de sacar a luz esta realidad que tiene que cambiar.
“Nunca tuve infancia, creí haberla tenido por haber sido chiquita”
Mi segundo momento de despertar fue la imagen de un peluche, que muestra el pedacito de infancia que Karina recuerda. Ella es una luchadora, es alguien que buscó y pudo cambiar su destino a través de otra infancia: la de su hija.
Entonces me pregunto, ¿a qué jugamos cuando bajamos la mirada? ¿Por qué nos cuesta tanto ver al otro como igual? No sirve la consciencia a medias y la aceptación tiene que ser desde el alma, siempre.
Al final del día, todos queremos creer en el amor. Contar una historia y sobre todo, todos tenemos algo que enseñar y que aprender del otro.
Mirar con más amor
Creo que todos nos llevamos de esta charla las ganas de cambiar el mundo. De frenar y mirar al costado. De mirar, de escuchar un poco más. Porque conocer la realidad del otro nos ayuda a superar nuestros prejuicios.
Estos son algunos de los sueños de quienes son parte de estas personas:
Que no se repita
Las cosas cambian
Estar bien con mis hijos
¿Por qué en lugar de preguntarme “Por qué lo hacía” nunca me preguntaron “Cómo te puedo ayudar?
Todos tenemos sueños y el derecho a poder cumplirlos. Porque al final, adentro de los sueños somos todos iguales.
Creo que el propósito fue más que cumplido. Fue una mañana en la que todos nos fuimos más despiertos y conscientes. Una mañana en la que, otra vez, nos fuimos movilizados y con una puerta más para poder cambiar el mundo.
por Valentina Canessa
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Fotos por Pablo Albarenga
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